Mudanza a Blog de Pensamiento lateral

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domingo, 16 de febrero de 2014

Rogamos desalojen Internet. Gracias por su colaboración. Fdo: 01

¡Internet pronto dejará de ser para personas!

Y dicho esta escandalosa (y más o menos cierta) afirmación, os explico el por qué:

Internet surgió de la necesidad del envío de información de un punto a otro del planeta. Ya sea de China a América del Norte o de tu PC al móvil. Lo importante era poder transferir esa información entre ordenadores. Y para ello se escribieron una serie de protocolos.

Para los que no sepáis de qué estoy hablando, básicamente a los ordenadores les tuvimos que decir axiomas como:

- esto de aquí es información entrante;
- esto otro es de salida;
- esto analízalo cuando llegue;
- borra esto otro;
- almacena tal información;
- etc


Era importante que los ordenadores supiesen qué tenían que hacer con la información enviada y recibida, de lo contrario no sería posible verla como la vemos, y consistiría en un mogollón de ceros y unos "al tuntún" y sin orden.




Complicando Internet


Con los años hemos complicado este tipo de comunicación. Hubo que decir a los ordenadores de dónde venía la información y cómo lo hacía. Había que dar pautas específicas para PCs, Macs, teléfonos móviles, navegadores, routers, etc. Cada uno es capaz de hablar de un modo distinto, pero se tienen que entender todos igual. Un ejemplo es abrir esta web en un ordenador o en un móvil: el contenido es el mismo, pero la presentación cambia, y esto deben "saberlo" los dispositivos.

De modo que complicamos las reglas del juego. Además dejamos de enviar información entre A y B, sino que comenzamos a almacenarla en servidores independientes (C) situados en cualquier lugar del mundo. Internet ya no servía solo para el envío de información puntual, sino que tú podías compartirla 24h gracias a estos servidores.

Y, de nuevo, las reglas se complicaron más y más. Para que todo estuviese bien atado creamos mecanismos de control de tipo estadístico para volúmenes de datos que ni os podéis llegar a imaginar. Solo en Twitter, una de las redes sociales más simples o básicas, tenemos cientos de millones de usuarios lanzando al día más de diez veces esa cantidad de tweets. Tweets que se contabilizan, analizan, reparan, copian, relanzan, almacenan y se controlan cada poco tiempo por programas de ordenador independientes a los humanos. Eso por no hablar de la información dentro de cada tweet que ni siquiera es para nosotros.



Cada vez que yo creo contenido en Internet varias bases de datos lo analizan con programas llamados bots. Programas automáticos que ya no dependen de personas para funcionar (aunque el fin último sea servir a nuestras estadísticas).

La mutación de Internet, la expansión de su ecosistema


Como ya concluí en La parasitación de Internet, éste está evolucionando hacia una integración total en nuestras vidas, con sus propios ciclos de crecimiento, sus especies (bots, programas, lenguajes, espacios, conexiones,...) y se está creando un ecosistema que, aunque paralelo y que ahora nos sirve, pronto alcanzará dimensiones casi incontrolables para nosotros. Y, lo más importante, que ni siquiera llegaremos a entender.

Aunque esto parezca raro imaginad una información de una matriz de 2x2. La entendemos porque es fácil escribirla y verla en una pizarra. Pero una de 2x2x2x2 nos es un misterio. No sabemos dibujarla ni qué forma tiene, y aunque podemos introducirla en un ordenador nos cuesta obtener información directa.

¿Qué ocurrirá cuando no seamos capaces de entender lo que ocurra en Internet?




Las IAs y su control sobre Internet


Como ya se predijo en la mayoría de novelas de Ciencia Ficción llegará un momento en que seamos capaces de dotar a las máquinas de pensamientos lo suficientemente complejos como para resultar independientes de nosotros, o autónomos. No hablo de una inteligencia como la nuestra, sino la que puede haber en una colmena o la información contenida en los ciclos migratorios de las aves. Es decir, que no es necesaria la autoconsciencia para que exista. Simplemente se ha creado un mecanismos que las hace posibles y autoconsistentes.

Todo esto parece sacado de la ciencia ficción, por supuesto, porque es muy complicado analizar desde el presente a dónde nos conducirá Internet. Pero analicemos algunos datos importantes:

- la economía financiera lleva años sin ser manejada por humanos a determinados niveles. Fuente.
- la mayoría de sistemas de control son automáticos: Cisco controla casi todos los niveles públicos, los programas operativos del Cuerpo de Bomberos de prácticamente todas las ciudades trabajan en Internet;

El 61.5% de Internet, a día de 9 de diciembre de 2013, ya no es humano (estudio bot traffic report).
¿Qué ocurrirá cuando los bots sean el 99.99%? ¿Nos iremos de Internet? Seremos nosotros mismos Internet, quizá.




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miércoles, 12 de febrero de 2014

El cine malo, ¿sirve de algo?


Cartel de Zombeavers - Fuente: Ceremonia Sangrienta

En ocasiones tenemos discrepancias con amigos y conocidos sobre lo buena que es una película, o, por el contrario, lo mala que resulta y la cantidad de tiempo perdido visionándola. Con las películas que os he traído (para bien o para mal) no hay discusión posible.

Son buenas de lo malas que son. Son terríblemente originales, divergentemente creativas. Y son, por supuesto, muy muy estúpidas. Son grandes films basados en sectores muy poco atendidos del mercado como lo pueden ser los tiburones voladores, los castores zombies o los poderes mentales de los neumáticos.

No hablo de películas bobas, de bajo presupuesto o que no son de nuestro estilo del tipo de esas comedias que nos dejan a cuadros. Esto hablando de que nuestros cuadros tengan rombos, éstos supuren heridas y luego tu cabeza explote al no creerte lo que estás viendo.

Hablo, por supuesto, del pensamiento lateral llevado al límite. ¿Qué nos enseñan estas películas? Cada cinco minutos nuestra cabeza insiste "No es posible eso, ni eso, ni eso otro" mientras la vemos.

Aquí una lista muy corta:

Sharknado


Cuando vi el trailer de esta película dije: "¡Tengo que verla junto a un amigo, le encantará!". Acerté, y aunque la vimos a la vez en casas distintas no faltaron comentarios como estos por twitter:
O comentarios del tipo: "¡Ha incendiado una piscina!"
Esta película tiene de todo. De verdad. Amor, tiburones voladores, tornados, inundaciones, bombas, accidentes de helicóptero, y hasta motosierras.

Rubber


¿Qué puedo decir de esta película? Imagináos que sois un neumático que acaba de nacer y que tiene poderes telequinésicos capaces de matar. ¿Qué haríais? Y así empieza.

Escena de la película - Fuente: La Casa de los Horrores


Land of the Lost


Un brillante científico inventa una máquina para viajar a otros mundos, a otras Tierras, y consigue que una estudiante la acompañe al otro lado de una anomalía. Escenas graciosas carentes de risas (en serio, el nivel es malísimo) y un argumento del todo absurdo completan la película.

Orcs!


Situación: un parque nacional con una única vía de escape. Se abren unas cuevas de las que salen hordas y hordas de orcos. Porque sí. Y comienzan a invadir el parque con sus escudos, armas y tambores.

Si esperas una coherencia no te pongas a verla.




Es posible que ninguna de estas películas ganen demasiados premios. Los premios se basan en parámetros muy específicos, y estas parecen no encajar. Se trata de Obras de arte Lateral.

¿Qué creéis? ¿Podemos aprender de ellas?
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martes, 11 de febrero de 2014

La emoción, en vídeo

Después de ver el vídeo no he podido evitar colgarlo. Reconoce, al menos, que envidias a esta niña. Añoro esa capacidad para sorprendernos.


No perdamos esa capacidad de emocionarnos. El ejercicio de hoy es mirar el mundo como si lo estrenases tú.

Por mi parte pienso:

- reírme cuando alguien diga "caca";
- preguntar "por qué, por qué y por qué";
- sonreír a todo el mundo.

jueves, 6 de febrero de 2014

EL PENSAMIENTO LATERAL RE-DEFINIENDO EL ARTE. EL BLOG DE UNA SOLA ENTRADA

Escribo esta pequeña entrada para presentaros un proyecto en el que he estado trabajando, que empieza y termina hoy. Llamémoslo proyecto Express. Se trata, para ser breves, de un Blog dedicado a escribir una única entrada como concepto de arte, abriendo y cerrando hoy mismo el blog.

¿No lo ves? Estás invitado:

EL BLOG DE UNA SOLA ENTRADA

O puedes ver mis otros proyectos.

domingo, 2 de febrero de 2014

SOBRE HACER EL RIDÍCULO. HAZ ALGO QUE TE DE MIEDO, Y HAZLO PRONTO


Cuando mis amigos y yo solemos salir por ahí, por lo general se repiten a mi alrededor frases del estilo:

“Joder, tío, habla más bajo.”
“¡Deja de hacer eso!” (esta última con cierta histeria)
“Ya empieza…”

Aquí un ejemplo que ocurrió en Valencia durante un verano con un par de amigos:


Yo en un Burguer King - Fuente propia

Por algún extraño motivo que desconozco, la gente no deja de usar un concepto que quedó sin activar en mi: la vergüenza.

La vergüenza es eso que se interpondrá en tu camino y conseguirá que no hagas algo que deseas símplemente por el hecho de que otra persona pueda pensar de ti algo que no quieres. Voy a contarte un secreto: no puedes evitar que las personas piensen de ti lo que deseas. Es imposible. Siempre habrá alguien a quien no caigas bien, que piense que no actúas como debes o que querría que, en un momento determinado, te callases.

“No voy a hacerlo, me da vergüenza.” también se usa como excusa para evitar problemas, situaciones incómodas

¿Para qué sirve este reto? ¿Qué gano?

Hace ya mucho tiempo que descubrí que hay una relación increíble entre la vergüenza y la confianza en uno mismo. Cuanto más de lo uno, menos de lo otro. Y desde que comencé a olvidar que tengo vergüenza me ha ido mucho mejor en la vida.

También existe, como es lógico, una relación entre la vergüenza y las oportunidades perdidas. No tengas miedo a hacer el ridículo. Puede llevarte hasta aquí, o incluso más alto.

 Sí, soy yo.



Y tú, ¿a qué te has atrevido últimamente?
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viernes, 31 de enero de 2014

EN UN DEBATE O DISCUSIÓN: SI SE LLEGA A UN ACUERDO, CAMBIA TU OPINIÓN PARA SEGUIR DISCUTIENDO

Voy a abrir una nueva sub-sección del Blog. A saber, pequeños retos que os propongo con objeto de que no veáis el mundo siempre de la misma manera.

Cambiar de opinión, descripción gráfica - Dibujo propio

Coincidir, cualquier persona a quien preguntes, suele tener atributos buenos. Coincidir hace que dos o más personas estén de acuerdo, focaliza y unifica los puntos de vista, genera sinergias, hace que haya menos discusiones, fomenta la cordialidad y un montón de resultados increiblemente:

- aburridos;
- complacientes;
- sin ambición;
- sosos;
- tremendamente soporíferos;
- y, en ocasiones, el final de una conversación.

¿Por qué queremos estar de acuerdo? Obviamente en temas importantes (como cómo llevar un país) lo suyo es tener un sistema relativamente estable. Pero tú no eres el presidente del gobierno, y a nadie va a afectar lo que digas en una comida o reunión con amigos.

Desde que eres pequeño se te induce a pensar que el pensar como otro es bueno, que coincidir con ese 95% de personas es aceptable, lógico y poco complicado. Y que debes encajar. Y a raíz de eso nos callamos opiniones personales, creencias o sueños simplemente para que otra persona no pueda señalarnos con el dedo. Lo que propongo hoy aquí es cambiar (o al menos simular) de opinión durante un debate cuando parezca que va a resolverse de un modo "satisfactorio".

¿Para qué sirve este reto? ¿Qué gano?

Como cada uno de estos juegos (o retos) que voy a presentar, depende de la persona en cuestión. Pero con este juego puedes darte cuenta, al defender la idea contraria, que igual esos otros que piensan raro tienen un poquito de razón. Usa la polémica y el sofismo para darte cuenta de los otros posibles puntos de vista. Y, qué coño, para crear más polémica aún.

Es un modo de entrenarte para defender tus ideas ante alguien. ¿Alguna vez has querido cantar las cuarenta a tu jefe pero no has sabido hilar las ideas? Solo se aprende de un modo: practicando. De modo que ya estás llevándome la contraria, o te la llevo yo a ti.





¿Qué opinas? ¿Es una buena idea crear polémica o mirar desde otro punto de vista? ¿Lo has hecho alguna vez?
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miércoles, 29 de enero de 2014

LA HISTORIA DE QUINTO, EL PERRO QUE MEÓ SOBRE TODO LO QUE EXISTE

Perro estrábico con la lengua fuera - Fuente: Spiegel


El pobre empezó con mala pata. Lo llamamos Quinto en un alarde de originalidad y pericia matemática sin parangón.  Ahora que lo pienso Bolita, Tolva, Blanco y Gato pasaron por traumas similares, aunque lo llevaban bastante mejor que yo cuando mis hijas los llamaban por la calle.

El primero en entrar en casa, Bolita, era quizá el perro más agresivo del mundo. Defendía a mis hijas mejor de lo que hubiese hecho uno de esos agentes federales de esos que salen en la televisión saltando de helicópteros a azoteas sin que se forme una segunda rodilla a mitad del fémur. Bolita, el perro de nombre engañoso, solo las hacía caso a ellas, dos especies de seres humanos miniaturizados que apenas sí balbuceaban gran cosa. Esto se tradujo en varias visitas al hospital por mi parte y varios ligamentos desgarrados (una y otra vez).

A los dos años de que el adorable Bolita entrase en nuestra vida conseguí encasquetárselo a uno de mis primos segundos bajo el pretexto de que se había comprado un chalet. Por listo.

Tolva nació un 23 de junio, a eso de las cuatro de la madrugada. El nombre se lo puso, riendo, el veterinario. Al parecer los cinco amigos que nos habíamos desplazado desde la fiesta para atender al parto de la perra llevábamos un estado etílico avanzado. Incluido el veterinario. Es más, me atrevo a decir que perdimos a un sexto amigo en los cuatro tramos de escaleras que comunicaban el portal con la improvisada clínica veterinaria. Por suerte la clínica aún no estaba operativa y ningún vecino se quejó de las risas y la fiesta. Pensarían que se trataba de la inauguración del piso. En realidad, fue eso.

Por desgracia, Tolva tuvo menos suerte la última vez que fue de visita a la consulta, algunos años después. Es curioso cómo una consulta a medio pintar y sin instrumental la trajo a la vida y se la llevó un laboratorio médico puntero.

Lo que nos lleva a Blanco, el perro sucio. Durante toda la vida de Blanco, que debido a aquél camión no duró mucho con nosotros, supusimos que el nombre le molestaba bastante. Teníamos esa teoría debido a que se rebozaba en todo aquello que hacía inútil y casi absurdo su nombre. De ese modo le atraían: los charcos (no importaba de qué), el barro, esos pastelitos que dejan las vacas en las montañas, el hielo sucio, el hielo limpio, diversos batidos, todos los tipos de café, otros perros (si estaban más sucios que él), mis hijas (cuando era él quien estaba sucio), el polvo de la casa al volver de vacaciones y una larga lista de cosas que manchan mucho, incluida la tinta de los bolígrafos, porque le encantaba morderlos.

Durante un tiempo, casi dos años, Gato y Blanco convivieron juntos. Gato, por supuesto, era en realidad un perro. Yo nunca he tenido gatos, es más, soy alérgico. Pero debido a las dotes de escalador y a los arañazos, Gato era el nombre que mejor le iba. Reconozco que ese no fue su primer nombre, al menos el primer nombre que nosotros le pusimos. Me explico: Gato era un perro callejero. Un día me acerqué al jardín trasero y Gato había hecho su aparición. Él y una veintena de pulgas y otras liendres, a las que mis hijas acariciaban con mucho amor. Íbamos a llamarlo Roger. Yo siempre he querido tener un perro llamado Roger. De hecho me emocioné tanto con un posible Roger que compré un par de artilugios perrunos con ese nombre serigrafiado. Cosa que fue del todo inútil tras haber encargado un bol, dos collares, varias pegatinas, un álbum de fotos, un colchón y una gran pegatina para el coche.

Mis vecinos aún me preguntan quién es Roger, y por qué mi coche tiene su nombre escrito en el lateral. Cuando les digo que ya no se llama Roger, sino Gato, me dicen que Roger es un nombre raro para un gato, a o que insisto en que no, que es un perro que se llama Gato, y no Roger. Obviamente su contestación es que Roger es mucho mejor nombre para un perro que se llama Gato, y les doy la razón. Pero cuando dejé a Gato limpio por primera vez en casa y me dispuse a ir a comprar todas esas cosas “Roger”, mi hija pequeña comenzó a insultar a Roger. “¡Gato!” decía, mientras le señalaba. Mi hija pequeña manda mucho más que yo en casa, daos cuenta.

Los vecinos suelen mirarme raro desde entonces. Bueno, y desde que Gato rompió todos y cada uno de esos jarrones a juego tan monos que todo el vecindario tenía en las entradas de sus casas. Y desde que Blanco les mea casi a diario en la entrada.

No sé si Gato sigue vivo, queremos creer que sí. Como vino, se fue (aunque más limpio aun a pesar de los esfuerzos de Blanco.

Cuando Gato huyó de casa me alegré mucho. Por fin podríamos tener vajilla que no fuese de plástico. Pero un mes más tarde Blanco nos abandonó, de nuevo en la consulta de mi amigo. Eso me recuerda que tengo que cambiar de veterinario.

Mis hijas, dos señoritas hechas y derechas, estuvieron el suficiente tiempo haciendo pucheros (estimo unos tres minutos) que mi coraza cedió y salimos todos corriendo a la perrera. Cuando, en el coche, comenté que nuestro próximo perro se llamaría Roger mis hijas dijeron al unísono “¡Nooooooo!”. Miré con ganas de llorar a mi mujer, que me sonreía desde el asiento trasero izquierdo con mi tercer hijo en brazos. El nombre se lo puso ella. Creo que lo único importante que hice fue bautizar al coche con Roger, lo que, teniendo en cuenta que es un coche rojo carmesí con una puerta verde no le sienta nada bien.

Cuando llegamos a la perrera mis hijas se decantaron por el perro más cariñoso del mundo. El nombre se puso a pachas entre mi hijo y mis dos hijas. Propuse que fuese el pequeño (que lo único que podía decir de un modo coherente era “gu” mientras babeaba) el que pusiese el nombre, sabedor de que era imposible. Sin embargo en ese momento mi hijo, al que quiero mucho porque ahora ya juega con camiones, levantó su manita y abrió los dedos.

“¡Quinto!” – exclamó mi hija mayor. “¡Quinto!” gritaron todos menos yo y mi hijo pasados unos segundos.

Y Quinto fue. Quinto, el perro amor. No podía tener un sobrenombre distinto de ese. Quinto era un perro profundamente bueno, divertido y cariñoso. Si quitamos el hecho de que estaba deforme, tenía halitosis y problemas de vejiga había sido definitivamente mi mejor perro.

Quinto tenía la mandíbula ladeada. Mucho. Tanto era así que la lengua solía colgar fuera de la lengua en un gesto gracioso y babeante, dispuesto a mancharlo todo a su paso. Por suerte el problema de mandíbula difuminaba levemente el estrabismo, salvo cuando había un objeto en la trayectoria de Quinto, objeto que era golpeado concienzudamente por un perro que ni lo veía.

Aunque definitivamente lo peor de Quinto eran esas pequeñas pérdidas de orina que se repetían a diario por toda la casa. Él, inocente, ladraba y nos esperaba junto al charco de pis, preferiblemente encima de él y moviendo la cola sobre el charco, de modo que salpicaba todos los muebles a la vez. Tras la ingesta del tercer pañal para perros decidimos que era mejor que se mease, no queríamos volver a la consulta veterinaria de mi amigo una vez más.

Recuerdo que pensé: “Cuando se muera Quinto no volveré a tener ningún perro más, ni siquiera un Roger. Bueno, puede que un Roger más. Pero definitivamente no más.”
Por desgracia el perro del vecino era un macho de la misma raza que Quinto, que, por si no lo he mencionado antes, es una hembra. Al poco nacieron Sexto, Séptimo y Cacahuete.


Para mi regocijo hubo un Roger. Bueno, un Roger-Séptimo, para ser exactos. Me vale. Por desgracia la pegatina del coche se cortó por la mitad cuando el camión de la basura arrancó la puerta que mi hija mayor había dejado abierta. Ahora se lee Ro, y los vecinos siguen preguntando.

lunes, 13 de enero de 2014

REFRÉSCATE


Las escaleras mecánicas se movían al ritmo cadente de los motores invisibles bajo ellas. Me subí sobre el primer escalón que apareció bajo el suelo y comencé a descender, dirección al túnel.

No necesitaba mirar para saber que ella ya estaría allí. Siempre estaba allí. Las escaleras morían en un andén de un vagón de ancho con una vía a cada lado para trenes de cercanías. Miré. Y allí se encontraba, como siempre, mirando a los rieles que yo tenía a la derecha según bajaba. Los demás transeúntes pasaban a su lado sin percatarse en su presencia allí, como si encajase con el decorado. Como si se tratase de un objeto más de la estación, en vez de tratarla como lo que era. Como la tentación propiamente dicha.

Metí la mano en el bolsillo izquierdo y palpé la cartera. 

< Creo que tengo suficiente.> pensé
< No lo hagas, saca la mano y anda en sentido contrario según llegues abajo.> mi mente, dividida, tiró de mí en las dos direcciones. ¿Cómo podía llamarme tanto la atención? ¿Cómo podía influir en mi de ese modo? A diario, sin falta, siempre desde el mismo punto. Lo que comenzó como un encuentro fortuito se había convertido en rutina. Colocada como estaba bajo la escalera, ¿cómo no iba a reparar en ella?

< Y, además, está Clara. >
< Clara no se va a enterar. Clara está en casa, y no tardarás nada. Ni siquiera perderás el tren. > 
< Te sentirás mal después de hacerlo. Te sentirás sucio, te sentirás gordo y asqueado contigo mismo. >

Saco la mano del bolsillo, sabiendo que en menos de dos segundos volveré y terminaré por sacar la cartera.

< Clara vino conmigo a la terapia, se lo debo. Nos lo debo. Esto tiene que acabar...>
< La última vez, después de esto, no le engañaré nunca más.> me miento a mi mismo y saco la cartera del bolsillo. El precio está pactado de antemano. Ni ella podría negociar ni yo obligarla. Había oído historias de conocidos, que a base de golpes lo habían conseguido gratis.

Sonrío, qué capullos. Además el andén está lleno de gente, no quiero llamar la atención más de lo normal. Casi hasta me da vergüenza.

< Pero la gente lo hace constantemente, no debe ser tan malo. > 


Termina la escalera y me apeo con la velocidad terminal del último escalón, pero comienzo a andar más lentamente tras unos metros. Entre ella y yo hay tres personas. Busco en mi cabeza una voz que me frene. Pero estoy demasiado cerca, puedo sentir la sensación de refresco que emana de ella. La tentación demasiado cerca como para ser obviada. No quiero obviarla, la quiero,...

<...y voy a conseguirla. Nadie me dice lo que tengo que hacer, y si a Clara le molesta: ¡que se busque a otro! >

Dos metros. Miro el cartel que informa de la llegada de los trenes. Me queda tiempo, pero no demasiado. Abro la cartera y, nervioso, dejo caer una moneda al suelo.

< ¡Joder! > necesito esa moneda.

Rueda y se para en el pie de una señora mayor. Se agacha a coger la moneda y me la tiende, mientras la mira a ella.

- Está fresquita, ¿eh? - la señora me guiña un ojo mientras me tiende la moneda.

Le sonrío y le doy las gracias. Miro la moneda.

< Justo lo que necesito. >

Oigo el tren mientras entra en la estación, frenando. Hasta la señora me induce a hacerlo. 

< Qué coño, un día es un día. >

Meto la moneda en la ranura y ella me dispensa una lata. La cojo y subo al tren justo antes de que las puertas se cierren detrás de mi.

< Clara acabará descubriéndolo, y eso que te acompaño a terapia... >

El sonido de la lata abriéndose disipa mi conciencia entre burbujas.

martes, 7 de enero de 2014

LAS APLICACIONES PRÁCTICAS DEL ABURRIDO TEOREMA DE ROLLE

“Las matemáticas no valen para la vida real.”

Creo que esta ha sido la postura de muchísima gente a lo largo de muchísimos años. ¿Para qué aprender matemática teórica si no puedo aplicarla al día a día? Si me limito a hacer sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, y, además de eso, uso la calculadora, ¿para qué me voy a molestar en aprenderlo? Mejor paso y digo que se me dan mal.

¿Quién es ese tal Rolle?


Michel Rolle con ricitos - Fuente: Mc Graw Hill

Michel Rolle fue un matemático francés nacido en 1652 hijo de un comerciante y una mujer de la que no se sabe apenas nada. Al parecer no debió hacer más que criar a un genio (un trabajo nunca reconocido). La poca información que tenemos sobre este hombre no viene ni siquiera de Francia, sino del Departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Indiana, que colabora en el Proyecto Galileo.

Lo que merece destacar de este hombre es que no fue a la universidad, sino que a partir de unos conocimientos muy rudimentarios de la matemática se enseñó a sí mismo álgebra y, no contento con cómo se encontraba la matemática de la época, investigó hasta convertirse en la persona que conocemos hoy en día.

¿Qué es eso del Teorema de Rolle? (Propiamente dicho, el rollo matemático que te puedes saltar sin problema)


Si una función es:
Continua en [a, b]
Derivable en (a, b)
Y si f(a) = f(b)

Entonces, existe algún punto c   (a, b) en el que f'(c) = 0.


Gráfica que no eres capaz de entender en el que (te prometo) se explica esto. Fuente: ViTutor

La interpretación gráfica del teorema de Rolle nos dice que hay un punto en el que la tangente es paralela al eje de abscisas.

Para los que no lo hemos entendido: ¿Y qué puñetas quiere decir eso?


Pues la verdad es que es algo bastante obvio lo que dijo Rolle, pero utilizó formalismos matemáticos para confundirnos a todos en un proceso similar a lo que hacen los artistas con sus cuadros cuando los describen del tipo “El traje nuevo del emperador”. De modo que ves las fórmulas, letras y signos encriptados y lo único que puedes decir es:

“Pues va a tener razón este tal Rolle.”

Traducido a un lenguaje que podamos entender, y mediante una serie de ejemplos, trataré de que podáis comprenderlo aquellos que os veáis identificados en esta frase:


1)      Caso 1. El río

Imagina que estás a un lado de un río lo suficientemente largo como para que no veas ni dónde empieza ni dónde termina (como suele ocurrir con casi todos los ríos que se precien). Este río, además, ha tenido la amabilidad de ser siempre de un ancho constante y no enroscarse sobre sí mismo. Por ejemplo el siguiente tramo:

Río  Paraná Copeá (Amazonas), un río bueno y decente que nos ayuda con el ejemplo. Fuente – Google Maps

El Teorema de Rolle te dice que lo siente mucho, pero que si quieres cruzarlo (y a menos que tengas un aparato volador): "Te vas a mojar, tío". Toda esa jerga matemática te dice que si intentas cruzarlo vas a tener que pasar, sí o sí, por el agua.

Obviamente es algo que si hubieses preguntado a cualquier constructor de puentes te hubiese comentado. O a un pescador. O a tu madre.

“No puedes cruzar un río sin mojarte, mejor construye un puente.”
“No puedes cruzar un río sin mojarte, pero lo importante es  lo que obtienes de él.”
“¿Quieres quitarte de ahí? Que pareces tonto, al final te mojas, y luego no me vengas llorando.”

2)      Caso 2. Yo ya no quiero vivir, me tiro.

Aunque parezca mentira hay mucha gente que se suicida en el mundo. Y un gran porcentaje de ellos utilizan grandes edificios o estructuras, montañas, cañones, o cualquier abertura en el suelo para tirarse a un nivel inferior con la esperanza de llegar abajo y despachurrarse (sí, existe esta palabra) contra el suelo.

Figura suicidándose – Fuente 123RF

Si vemos la trayectoria de la caída podemos asegurar varias cosas sobre ella. Por ejemplo, que es continua y que pasa por todos y cada uno de los pisos del edificio en cuestión antes de llegar al suelo. Del Teorema de Rolle se desprende que, o aprendemos a volar en unos segundos, o el trompazo nos va a abrir la cabeza.

3)      Caso 3. El amor

Pero no todo es física pura o materialismo suicida, el Teorema de Rolle puede aplicarse también a aspectos tan abstractos (químicamente) como el amor. Sin duda tú has estado enamorado en algún momento de tu vida, y un tiempo antes que eso no lo estabas. De ese modo se puede alegar:

“Si hoy estás enamorado y hace un año no lo estabas, en algún momento de este último año tú te enamoraste.”

Es decir, que existe un momento del tiempo (quizá no tengas ni idea de cuándo está) en el que pasaste a estar enamorado.


Me imagino que Rolle no tendría estas aplicaciones en la cabeza. Sinceramente, y por el bien de las ramas científicas del conocimiento, eso espero.


La pregunta disparatada - El poder del pensamiento lateral


Aunque este post entero podría contemplarse bajo el punto de vista de ver la matemática desde otro ángulo, quiero aun así hacer una pregunta de este tipo. ¿Se te ocurre alguna aplicación más del Teorema de Rolle?

viernes, 3 de enero de 2014

Μνασων y el arte. La historia de las esculturas


Dibujo: "Boceto Redefinido", Calexico. Fuente: Saltimbanco-Calexico

Resulta que un tal Manolo (por aquél entonces le decían Μνασων o algo similar) era un constructor de edificios griegos. Los edificios griegos tenían muchas piedras dentro y hacia los lados, cuantas más piedras, mejor. Y si era posible que fuesen de las gordotas, mejor todavía. Μνασων tenía un amigo llamado Pepe, pero por aquella época nadie usaba el nombre de Pepe, y en el bar le decían Προκοπιος, algo mucho más fácil de pronunciar para los griegos (que hablaban en griego).

Un día, tras poner el último pedrusco sobre una casa y cerrar el techo, Μνασων se quedó mirando todas aquellas piedras gordas que habían sobrado para la construcción de aquella casa. Al parecer había habido oferta de piedras gordas y ahora tenían de sobra. ¿Qué iban a hacer con todos esos pedruscos griegos? Tras comentárselo a Προκοπιος en el bar sobre aquellas cómodas sillas de piedra que se llevaban por aquél entonces Προκοπιος se sorprendió.

-          ¿Has dejado todas esas piedras en el suelo? Pero, hombre, ¡ahora cualquiera con veinte esclavos o cinco mulos te las va a robar!

Μνασων se dio un golpecito en la cabeza a modo de hacer entender que había cometido un error con tal desgracia que la jarra que sostenía en la mano (también de piedra, como debía ser) lo golpeó abriéndole la cabeza. Treinta minutos más tarde, cuando Μνασων recuperó el conocimiento le dijo de manera apresurada a su amigo Προκοπιος que sería mejor colgar las piedras que sobraban de una grúa para que los gitanos no se las robasen. Tras preguntar a alguno de los otros caballeros de aquél bar se dieron cuenta de que la grúa aún no había sido inventada, y se lo apuntaron para inventarlo luego.

Fueron corriendo todo el camino que les separaba de la obra, parando ocasionalmente para mear cerveza griega en las esquinas de las casas de piedra griega que iban encontrando a su paso y, en menos de lo que tardaba el Sol en moverse un poquito por el cielo, llegaron a la obra, que se encontrada totalmente a oscuras en mitad de la noche. En ese momento, y desprovistos de toda luz, comentaron que ya era hora de que alguien inventase la corriente eléctrica. Por desgracia no llegaron a comentárselo a nadie nunca y el invento se retrasó un poco.

Προκοπιος y Μνασων se quedaron mirando las grandes piedras griegas que se apilaban alrededor de la casa. Habían sido colocadas en vertical para moverlas con mayor facilidad cuando se fuesen a usar, y a Μνασων se le ocurrió una gran idea.

-          ¿Por qué no las tallamos y decimos que forman parte de la casa como adorno?
-          No sé lo que es un adorno.
-          Es una cosa que pertenece a otra cosa más grande para hacerlo bonito, de modo que no se pueda robar el todo.

Προκοπιος no tenía ni idea de lo que hablaba Μνασων, pero era tarde y, según el plan de Μνασων, Προκοπιος sólo tendría que sentarse en una piedra griega a ver cómo Μνασων tallaba una estatua. A Προκοπιος le pareció una idea genial.

El sol despuntaba ya cuando Μνασων había terminado su primera estatua. Se había aglomerado una gran cantidad de gente griega alrededor de la obra entre los que volvían de resacón, varios alumnos de erasmus y los que iban pronto a la oficina aquél día. Y todos contemplaban a Μνασων, que sudaba la gota gorda dando golpes a la primera gran piedra en vertical, que estaba justo frente a la fachada de la casa.

El gran bloque de piedra ya no tenía forma de bloque. Sin duda tenía forma de algo, pero no de bloque, ni de nada que pudiese encontrarse por ahí. En realidad se parecía mucho a un bloque al que le hubiesen dado de martillazos a oscuras durante varias horas.

Por fin, Μνασων, que a esas horas ya había dejado de sangrar profusamente por la herida abierta con la jarra de piedra, dejó de dar golpes, bajó del pedrusco y se echó varios pasos para atrás. Luego otros pocos más. Finalmente cambió de sitio para ver su obra de arte unos metros más hacia la derecha. Sintió cientos de ojos clavados en la nuca, mirándole alternativamente a él y al peñasco.

Se giró y, gritando todo lo que pudo dijo:

 -          ¡Esto es una obra de arte!
-          ¿Y para qué sirve? – preguntó una señora de la muchedumbre. Μνασων puso cara de desconcierto. Miró a la estatua deforme y luego al público. No tenía ni idea de para qué podía servir una estatua.
-          Sirve para decir que es una estatua que hay que mirar y que es arte. Y el arte sirve para decir que hay que mirarlo y aprenderlo, y que es distinto a todo lo demás.




Tras la dispersión de la multitud Μνασων se fue a dormir la resaca unas tres idas y venidas del sol, pero fue incapaz debido al ruido de martillos contra la piedra. Se asomó a la ventana de piedra y contempló decenas de personas sudando arduamente y de un modo concienzudo destrozando prácticamente todas las piedras que no sostenían edificios, e incluso algunas que sí lo hacían. Se les veía increíblemente concentrados haciendo arte con toda su voluntad y determinación para hacer la estatua que más se pudiese mirar y que se dijese que era arte.





Dedico esta historia a todos aquellos que hacéis algo símplemente porque: se puede, nadie lo hace y queréis hacerlo.

martes, 24 de diciembre de 2013

MUCHO ME TEMO QUE TÚ TAMBIÉN ERES IDIOTA

Cyanide And Hapiness

Es algo que no podremos evitar. ¿Sabes esa situación en que miras a alguien que está molestando o que no actúa como debería? Pues seguro que alguien te ha mirado del mismo modo pensando para sí que eres  un profundo idiota.

Pero no te preocupes demasiado, ser idiota no es del todo malo. Hay idiotas que han llegado increíblemente lejos en la vida. Algunos incluso son millonarios. Tampoco intentes curarte, no funciona nada. Se es idiota a nivel genético, poco harás yendo a tratamientos especiales o leyendo libros. De este modo sólo parecerás menos idiota de lo que en realidad eres, pero esto es como mentir y, a la larga, te acaban pillando. Y que conste que a mi me lo ha dicho un amigo.

Todo esto viene a raíz de una conversación con unos amigos en una cena. Eso, sumado al hecho de mi ambicioso plan de llamar a todo el mundo idiota quedando impune. Lo tenía preparado, no penséis que no:


¿Qué es ser idiota?

Fuente: Marlex

Según la RAE vamos a ver que hay gente que sólo posee una de las acepciones mientras que algunos somos auténticas joyas con patas:
  1. Que padece de idiocia. Idiocia: Trastorno caracterizado por una deficiencia muy profunda de las facultades mentales, congénita o adquirida en las primeras edades de la vida.
  2. Engreído sin fundamento para ello.
  3. Tonto, corto de entendimiento.
  4. Que carece de toda instrucción.

Grandes idiotas de la historia

Idiota entrenando - Fuente: Blog Joins

Os pongo sólo dos, pero es cuestión de buscarlos. Porque los hay, creedme.

Newton, el padre de la mecánica clásica y nombrado caballero de Inglaterra, ahí donde le veis, se perforó un ojo con una aguja para comprobar qué es lo que ocurría. Tuvo suerte, en realidad sólo tuvo que pasar dos semanas a oscuras para salvar la vista y no le ocurrió nada permanente. Y en ese momento no estaba siendo el eminente personaje histórico, sino un completo y profundo idiota.

Otro digno idiota con el que podéis competir fue el emperador Menelik (Abisinia, ahora Etiopía), que cuando se enteró de lo que hacía una silla eléctrica encargó tres a los Estados Unidos. Esto ya puede ser tildado de idiota para alguno, pero no se quedaba ahí la cosa. Resulta que por aquél entonces (1890) Abisinia no contaba con suministro eléctrico. Nuestro campeón no tenía ni idea de que hacía falta electricidad para usar la silla eléctrica. Acabó usando una como trono.




De modo que no tengáis miedo a ser idiotas. Es más, no podéis evitarlo, de modo que sacadle todo el provecho y jugo posible. Grabaros y subidlo al Youtube, por ejemplo. Siempre habrá héroes anónimos que nos ayudan a superarnos.



Y tú, ¿has sido señalado por idiota? ¿Alguna experiencia o trauma que contar al respecto?

¡Ah! Y Feliz Hoy a todos.

domingo, 22 de diciembre de 2013

LA TAZA DE VÁTER ES PARA HACER CACA, Y MI PROBLEMA CON LOS ASCENSORES

Matar moscas a cañonazos es la expresión conocida por todos para resolver un problema mediante el uso de muchos más recursos de los que necesitas. De ese modo usamos el fregadero para tirar el aceite (rompiendo nuestras tuberías) y la taza del váter para tirar desde papeles hasta chicle pasando por el contenido del recogedor.

A este ritmo estimo que dentro de unos pocos años las neveras se usarán a modo de armarios y para bajar ríos a modo de canoa, y los lapiceros a modo de llave allen.

¿Por qué usamos unas pocas herramientas "para todo" y no como deben usarse?

Hospital Ramón y Cajal - Fuente: Google Maps

Hace relativamente poco tuve que hacer una serie de visitas muy seguidas al hospital Ramón y Cajal, en el norte de Madrid capital. Este hospital cuenta con tres secciones principales que han llamado con los correctos nombres: Sector Izquierdo, Sector Central y Sector Derecho.

En cada una de estas secciones hay tres ascensores para el usuario que van desde la planta -2 hasta la número 11. Esto, incluyendo la planta baja, son 14 plantas.

Los ascensores son antiguos, cosa que de por sí no tendrían que dar mayor problema salvo contados fallos ocasionales debido a algún problema en los motores o un problema en puertas atascadas. Lo cierto es que funcionan bastante bien, son robustos y más rápidos que muchos ascensores nuevos. Además pueden subir  o bajar fácilmente a unas veinte personas en cada viaje.

Y hasta ahí, bien. ¿Dónde surge el problema? En el momento en que a los humanos nos dan acceso a botones retroiluminados que se encienden al pulsarlos. Creo que existe una patología no documentada a tocar todos y cada uno de los botones que funcionan de este modo para ver la lucecita encendida. Deben producir algún tipo de reacción química que induce a la gente a pulsarlos como posesos una y otra vez aunque en realidad no necesitemos (y no debemos) pulsarlos.

Lo que también creo es que soy inmune.

Existen dos botoneras para estos ascensores: una fuera para llamarlos y una dentro para elegir el piso. Vamos a analizar el complejo funcionamiento de la botonera exterior, de la que tengo una foto similar a los instalados:

Sistema encriptado para llamar al ascensor - Fuente: Epsilon Elevators

El funcionamiento (que por lo que he observado exige que hayas hecho un doctorado en ascensores) es el siguiente: si quiero ir hacia arriba (el número de la planta a la que voy tiene que ser más grande que el número de la planta donde estoy) pulsaré el botón superior, que tiene una flecha en vertical hacia arriba. Si, por el contrario, lo que deseo es ir hacia abajo (el número de la planta a la que voy es menor que el número de planta en la que me encuentro) se debe pulsar la tecla inferior, que posee una flamante flecha vertical apuntando hacia abajo.

Debido a la complejidad del sistema os dejo un esquema científico para que llevéis impreso en el caso de que queráis hacer una excursión al hospital:

Esto es un esquema científico

¿Por qué comento todo esto?

Porque en las cinco veces que he ido al hospital últimamente me he fijado en que la gente presiona todos los botones de los tres ascensores independientemente de la planta a la que van o del número de personas que haya esperando el ascensor.

La segunda botonera del ascensor es mucho más compleja que la anterior porque está equipada con un botón para cada planta (lo que hace un total de 14 botones) más uno de aviso a emergencias en el caso de que el ascensor sufra un malfuncionamiento.

Justo en la puerta hay un sensor de proximidad que la cruza, de modo que detecta si hay alguien en la puerta o no. La botonera se resetea cuando alguien se mantiene en la puerta durante más de tres segundos, lo que ocurre tan solo en todas las plantas, siempre. SIEMPRE

Siempre incluye cuando se monta una persona mayor a la que se lo repites diez veces (normal, es mayor), pero también incluye: médicos, personal de limpieza, jóvenes, enfermeros, personas a las que ya has visto en otra ocasión en el hospital y debieran conocérselo, etc. Durante los tres primeros días hice el siguiente esfuerzo: cuando el ascensor se paraba para que bajase o subiese gente insistía a la gente "pasen al fondo por favor, que si no las puertas no se cierran".

He de decir que esta frase hay que decírsela a todas y cada una de las personas que suben, no importa quién sea. Si por algún motivo no se la repites a todas y cada una de las diez personas que se suben en cada planta, esa persona se quedará totalmente inmóvil justo en el sensor y pondrá cara de haber sido lobotomizado, lo que ocasionará que la memoria de la botonera se borre, haciendo que el ascensor sea llamado desde cualquier planta.

En serio, desde cualquiera.

No llevé ningún tipo de registro de las idas y las venidas del ascensor, pero una vez bajé dos veces a la -2 antes de llegar a la octava planta. Sospecho que el 50% del gasto del hospital está en hacer que esos ascensores se muevan.

Los días cuatro y cinco de mi excursión al hospital subí andando los ocho pisos, lo que tuvo como reacción por parte de mi doctora una frase que me dejó aún más aplastado de lo que yo ya estaba por la escalada: "Vienes sudando, ¿por qué no usas el ascensor?"




¿Y tú? ¿Has sufrido alguna experiencia traumática en el que casi te sale una hernia?

miércoles, 18 de diciembre de 2013

¿QUÉ REGALAR ESTOS DÍAS? LOS REGALOS DE NAVIDAD (Y EL PROBLEMA DE LOS TÍOS)


Ya sea porque te guste un regordete norteño o tres viajeros del sur la navidad va de hacer regalos, consumir, gastar, envolver, recibir regalos, desenvolver y poner esa cara de "¡Uau! ¡Es lo que quería!" cuando en realidad lo que te han regalado ni te gusta ni lo necesitas, podrías prescindir de ello o no le ves utilidad ninguna.

De modo que estamos a unos días de que empiecen las fiestas y no sabemos qué regalar. Surge un problema que, sobretodo los tíos (por falta de imaginación) tememos. Y no es tanto el no tener el regalo perfecto. Todos los tíos sabemos que el regalo perfecto tiene forma de unicornio y que nunca lo conseguiremos.

El problema viene de la indesición y la no-compra. En el momento de abrir los regalos las mujeres simplemente te arrancarán la cabeza con la mirada y añadirán cosas como "sólo era un detalle", "¿Tanto te hubiese costado?" mientras que los tíos se mirarán los unos a los otros, todos sin regalos, sin entender muy bien lo que está ocurriendo.

De modo que si no quieres que tu mujer-hermana-madre-tía te arranque metafóricamente la cabeza debes regalar algo. El problema es "¿Y qué puñetas regalo yo?"

De modo que los tíos salimos a la calle (ya abarrotada de gente-tíos preocupados) con objeto de pasar por la primera tienda que encontremos a comprar "cualquier cosa" y volver rápido. He de advertir que esto puede incluso durar varias semanas. De hecho si te paseas por Madrid centro verás muchísimas caras de hombres profundamente preocupados en encontrar cualquier cosa. Y sin éxito, claro.

Enfoco esto para los tíos por dos motivos. De modo que no os sintáis excluidas, pero no tengo vuestra solución.

1) A nosotros con un desayunos nos habéis ganado.
2) La idea que voy a proponer no vale para un tío.


SOLUCIÓN PARA LOS TÍOS

Es bien sabido por todos que a ellas les gusta la lectura (si es que no la habéis cagado, probar suerte en la calle). Pero comprar un libro puede ser difícil. Son caros, no sabes si lo tiene o no, y elijas el que elijas es improbable que le guste, de modo que acabará usándolo como regalo a otro familiar. Por suerte en ese momento tú habrás olvidado que ese fue el libro que le regalaste y no podrás cara de sorpresa delatora.

Pero hay una solución, al menos para el precio y la originalidad. y es acudir a la ONG YOOOU y coger uno o veinte libros.

Por desgracia no está en todas partes (aún) pero si vivís en Madrid esta puede ser una fuente de regalos inagotable. Pongo una foto de la librería de esta ONG que se encuentra en la C/Covarrubias:

Imagen tomada del Blog leyendoyleyendo

Regalar libros de esta curiosa biblioteca no sólo te ayuda a ti (que aún a día de hoy andarás perdido) sino que ayuda a proyectos sociales gracias a esta ONG.

¿El precio de un libro? La voluntad.

Y tú, ¿tienes algún tío en casa? Si es así no dejes de instarle que visite esta biblioteca.
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lunes, 16 de diciembre de 2013

HE SIDO YO, LA CULPA ES MIA, LO SIENTO


Fuente: eMe-Art


Creo que nadie se llevará sorpresas si digo que la culpa es de otro. Siempre es de otro. Nos ocurre a todos los niveles en la vida: el temor a estar equivocados o a haber hecho algo mal. El adueñarse de un trabajo mal hecho no se lleva.

¿Por qué tememos habernos equivocado?

1)       Miedo a posibles represalias

En la mente de todos está el despido por cometer errores, cuando este tipo de despidos es totalmente marginal y como resultado de conductas que ya por sí mismas son causa de despido procedente.

Aun así intentamos tapar o huir de la cagada como si no fuese nuestra.

2)      Miedo a la desprofesionalización

En un entorno en que se piden profesionales en vez de trabajadores perder el control sobre lo que los demás opinan de ti puede asustarnos.

“Si los demás descubren nuestro error, hablarán de él constantemente.”

3)      "Si me he equivocado, me equivocaré otra vez"

Calado está en nuestro cerebro el miedo a que nos vuelva a ocurrir de nuevo algo así. Cometer un error una segunda vez puede asustarnos lo suficiente como para no confesarlo nunca.

Contrariamente a esta afirmación, una persona consciente de haber cometido un error tiende a no repetirlo, por lo que es más confiable que quien nunca lo ha hecho.



El proceso del error (porque existe, está documentado, y me lo ha contado un amigo)

1)      Lo cometemos.

No necesariamente adrede: un olvido, descuido, un salto de línea, una llamada que no hiciste. Y, de repente, está hecho.

2)      Nos damos cuenta.

Esta es la fase de los sudores fríos. ¿Alguien más lo ha visto? ¿Se han dado cuenta? ¿Puedo solucionarlo sin que me vean? En este momento adoptamos la actitud de los suricatos. Con toda la discreción que da un cuerpo entero en vertical sobre una pradera nos ponemos a investigar lo antes preguntado.

Trabajador intentando disimular tras un error. Fuente: konakuer

3)      Intentamos taparlo/corregirlo.

En un alarde de imaginación actuamos igual que los perros: si lo entierro, nadie lo verá. Y es cuando se puede aplicar el dicho “El asesino siempre vuelve al lugar del crimen.”


Está en nuestros genes, no podemos evitar corregir nuestros errores si podemos, y, sobretodo, sin pedir ayuda.

4)      Si nos pillan, contestamos con excusas.

Todo un abanico de comportamientos desde el “no sé de qué me estás hablando” al “yo hago como que no escucho” cuando alguien comenta el error en voz alta. Toda la oficina/familia/grupo de amigos sabe quién es: el que en vez de columna vertebral tiene una barra de acero que le imposibilita girar el cuello y el que mira con los ojos hacia los lados, como los equinos.



Lo que está claro es que el equivocarse da muy mala imagen, no se lleva, no es profesional, y tendemos a ocultar nuestros errores.

Lo que está claro es que una persona que admite su culpa: es responsable y quiere aprender y superarse a sí mismo.



¿Y tú? ¿Tienes algún “amigo” al que le haya ocurrido esto?